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sábado, 19 de septiembre de 2015

NEUROCIENCIA – TU MENTE INMORTAL – Dr. Joe Dispenza

Publicado por vistoenlaweb.org

  Mente

Hace algo más de veinte años, Joe Dispenza (de los maestros de “Y tú qué sabes”), fue arrollado por un todoterreno cuando participaba en un triatlón. El diagnóstico de los cuatro cirujanos que consultó coincidía, tenía que operarse inmediatamente, debían implantarle barras de Harrington (de 20 a 30 centímetros desde la base del cuello hasta la base de la columna), ya que la tomografía demostraba que la médula estaba lesionada y que podría quedarse paralizado en cualquier momento.



Dispenza, que era quiropráctico, sabía muy bien lo que eso significaba: una discapacidad permanente y, muy probablemente, con un dolor constante. Su decisión fue arriesgada: intentaría ayudar a su cuerpo a que se recuperara de manera natural, conocía bien todo lo concerniente a huesos y músculos e ideó un plan de acción que incluía autohipnosis, meditación, una dieta que ayudara a sus huesos a regenerarse y ciertos ejercicios en el agua. Se recuperó totalmente en un tiempo récord y decidió ahondar en el tema.

Durante ocho años, estudió las remisiones espontáneas de enfermedades y le sorprendieron tanto los resultados que decidió volver a la universidad para intentar explicar científicamente lo que había descubierto: el poder de nuestro cerebro como director ejecutivo del cuerpo.

Joe Dispenza estudió Bioquímica en la Universidad Rutgers de New Brunswickle, en Nueva Jersey; obtuvo el doctorado en Quiropráctica en la Life University de Atlanta, donde se licenció magna cum laude y recibió el premio Clinical Proficiency Citation por la extraordinaria calidad de su relación con los pacientes. Miembro de la International Chiropractic Honor Society, ha cursado estudios de posgrado en neurología, neurofisiologí a, función cerebral, biología celular, genética, memorización, química cerebral, envejecimiento y longevidad. Desde 1997 ha dado conferencias ante más de diez mil personas en 17 países de los cinco continentes. A finales de mayo hablará en Madrid y Barcelona coincidiendo con la edición española de su libro Desarrolla tu cerebro.

“Podemos cambiar la mentalidad al crear nuevos cableados en el cerebro y fortalecerlos con nuestro pensamiento”



¿Cómo empezó a interesarse por el cerebro?

He entrevistado a cientos de personas que han sido diagnosticadas con enfermedades -tumores malignos y benignos, enfermedades cardiacas, diabetes, alteraciones respiratorias, hipertensión arterial, colesterol alto, dolores músculo esqueléticos, raras alteraciones genéticas para las que la ciencia médica no tiene solución…-, pero cuyo cuerpo se ha regenerado por sí solo sin la ayuda de una intervención médica convencional, como la cirugía o los fármacos.

¿Milagro?

Observé que una de las causas principales de esas remisiones espontáneas era que habían cambiado su forma de pensar, así que volví a la universidad e hice la carrera de neurociencias para poder explicar qué es lo que ocurría. Cuando afirmo que nuestros pensamientos se convierten literalmente en materia, me baso en la más pura vanguardia científica. Básicamente, esos individuos cambiaron la arquitectura neurológica de su cerebro.

Estimulante curiosidad la suya.

Todas esas personas que tenían una remisión espontánea compartían cuatro cualidades específicas. Lo primero es que todas aceptaron, creyeron y entendieron que había una inteligencia superior dentro de ellos, da igual si la calificaban de divina, espiritual o subconsciente. Lo segundo es que todas aceptaron que fueron sus propios pensamientos y sus propias reacciones las que crearon su enfermedad, y puedo hablar y citar estudios sobre cualquiera de estos temas durante media hora. Hay un floreciente campo científico llamado psico-neuroinmunología que demuestra la conexión existente entre la mente y el cuerpo.

Le creo, pero avancemos en sus conclusiones.

La tercera característica común es que cada persona decidió reinventarse a sí misma para llegar a ser otro, y los estudios actuales en neurociencias muestran que esto es totalmente posible. Por último, tenían en común que durante el periodo en que intentaban meditar o imaginar en qué querían convertirse, hubo tiempos largos en que perdieron la noción del tiempo y el espacio.

¿Y eso qué significa?

El lóbulo frontal representa un 40% ciento de la totalidad del cerebro, y cuando estamos de verdad concentrados o focalizados, el lóbulo frontal actúa como un control de volumen. Como tiene conexiones con todas las demás partes del cerebro, puedo rebajar el volumen del tiempo y del espacio. En otras palabras, los circuitos que tienen que ver con mover tu cuerpo, sentirlo, percibir lo que hay fuera y percibir el tiempo pasan a un segundo plano, y el pensamiento se convierte en la experiencia en sí, es más real que cualquier otra cosa. De este modo el lóbulo frontal elimina todo lo que no es prioritario para focalizarse en un único pensamiento, y es en ese momento en que el cerebro rehace su cableado.

¿En qué se traduce?

Aquello en lo que pensamos y en lo que concentramos nuestra atención con más frecuencia es lo que nos define a escala neurológica. Un reciente estudio demuestra que las grandes ideas surgen cuando uno está relajado, pensando en otras cosas. Entre la intención y el rendirse. Antes se creía que la parte derecha del cerebro es la parte emocional o sentimental, el lado creativo, y la izquierda, la racional o lógica. Pero de hecho, el lado derecho del cerebro es el responsable de procesar la novedad cognitiva, las nuevas ideas que, cuando ya están memorizadas, cuando se convierten en familiares, pasan al lado izquierdo del cerebro. Es lo que conocemos como rutina cognitiva.

¿Cambiar las marchas del coche?

Todas esas cosas que hacemos sin pensar, sí. Esa es la razón de que cuando un neófito escucha música la oiga con el lado derecho del cerebro, pero un músico profesional lo haga con el izquierdo. Esto significa que tenemos la oportunidad de aprender cosas nuevas y recordarlas, es la manera que tiene la evolución de hacer conocido lo desconocido. Podemos cambiar nuestra mentalidad. Al crear nuevos cableados y fortalecerlos con nuestro pensamiento, dándoles prioridad, los que no utilizamos tienden a

desaparecer.

Usted habla de inteligencia espiritual, ¿qué es eso, cómo lo explica desde un punto de vista científico?

No hay nada místico en ello. Se trata de la misma inteligencia que organiza y regula todas las funciones corporales. Esta fuerza hace que nuestro corazón lata ininterrumpidamente unas cien mil veces cada día sin que nosotros pensemos siquiera en ello, y se encarga de las sesenta y siete funciones del hígado, aunque la mayoría de la gente ni siquiera sabe que ese órgano realiza tantas tareas. Esta inteligencia sabe cómo mantener el orden entre las células, los tejidos, los órganos y los sistemas corporales, porque ha sido ella quien ha creado el cuerpo a partir de dos células individuales.

¿El poder que da origen al cuerpo es el poder que lo mantiene y lo sana?

El cerebro no puede cambiar el cerebro porque es sólo un órgano, y la mente no puede cambiar el cerebro porque es un producto del cerebro. Así que tiene que existir algo que está operando en el cerebro para que cambie la mentalidad.

¿Cómo define ese algo?

Ja, ja, ja, esa es una pregunta muy filosófica, dos botellas de vino y quizá cuatro horas, porque se trata de la búsqueda del ser. Pero por el momento es curiosamente la ciencia la que nos permite explicar que efectivamente tenemos control sobre nuestra mente y nuestro cerebro, es decir, que no somos un efecto de nuestros procesos biológicos sino una causa. Básicamente, más allá de mis estudios sobre las remisiones espontáneas de enfermedades, lo que intento transmitirle es que nuestros pensamientos provocan reacciones químicas que nos llevan a la adicción de comportamientos y sensaciones y que cuando aprendemos cómo se crean esos malos hábitos, no sólo podemos romperlos, sino también reprogramar y desarrollar nuestro cerebro para que aparezcan en nuestra vida comportamientos nuevos.

¿Y la predestinación genética?

La investigación científica de vanguardia está mostrando que la genética tiene la misma plasticidad que el cerebro. Los genes son como interruptores, y es el estado químico en que vivimos el que hace que algunos estén encendidos y otros apagados. Se ha realizado un estudio muy interesante en Japón con enfermos dependientes de la insulina tipo dos que mostraba cómo los enfermos sometidos a programas de comedia normalizaban su nivel de azúcar en sangre sin necesidad de insulina. Veinticuatro genes activados sólo por el hecho de reírse. Los genes son igual de plásticos que nuestro tejido neuronal.

¿Cada vez que pensamos fabricamos sustancias químicas?

Así es, y estas sustancias a su vez son señales que nos permiten sentir exactamente cómo estábamos pensando. Así que si tienes un pensamiento de infelicidad, al cabo de unos segundos te sientes infeliz. El problema es que en el momento en que empezamos a sentir de la manera en que pensamos, empezamos a pensar de la manera en que nos sentimos, y eso produce aún más química.

Un círculo vicioso.

Sí, y así se crea lo que llamamos el estado de ser. La repetición de estas señales hace que algunos genes estén activados y otros apagados. Memorizamos este estado como nuestra personalidad, así que la persona dice: “Soy una persona infeliz, negativa, o llena de culpa”, pero en realidad lo único que ha hecho es memorizar su continuidad química y definirse como tal. Nuestro organismo se acostumbra al nivel de sustancias químicas que circulan por nuestro torrente sanguíneo, rodean nuestras células o inundan nuestro cerebro. Cualquier perturbación en la composición química constante, regular y confortable de nuestro cuerpo dará como resultado un malestar.

Estamos enganchados a nuestra química interna.

Sí, haremos prácticamente todo lo que esté en nuestra mano, tanto consciente como inconscientemente y a partir de lo que sentimos, para restaurar nuestro equilibrio químico acostumbrado. Es cuando el cuerpo ya manda sobre la mente.

¿Propone cambiar la química cerebral con nuestro pensamiento?

Es una parte de mi trabajo, no se trata sólo de cambiar la química cerebral, también los circuitos cerebrales, el cableado. Si podemos forzar al cerebro a pensar con otros patrones o secuencias, estamos creando una nueva mente. El principio de la neurociencia es que si las células neuronales se activan conjuntamente, se entrelazan creando una conexión más permanente. Una persona ante una situación, por nueva que sea, recurre a esa conexión, es decir, repite el mismo pensamiento una y otra vez y da las mismas respuestas, su cerebro no cambia, vive con la misma mente cada día.

¿Cómo interrumpir el ciclo?

A través del proceso de conocimiento y de la experiencia podemos cambiar el cerebro. Es buena idea examinar constantemente qué podemos cambiar dentro de nosotros. Si cada mañana nos planteáramos cuál es la mejor idea que podemos tener de nosotros mismos, tendríamos otro tipo de mundo.

¿Qué preguntas debemos hacernos para sentir de otra manera?

La mayoría de las personas cree que las emociones son reales.. Las emociones y los sentimientos son el producto final, el resultado de nuestras experiencias. Si no hay experiencias nuevas o vividas de otra manera, vivimos siempre en la actualización de sentimientos pasados. Se trata del mismo proceso químico vez tras vez. Una pregunta que ayudaría a cambiarnos es: ¿qué sentimiento tengo cada día que me sirve de excusa para no cambiar? Si las personas empiezan a decirse: yo puedo eliminar la culpa, la vergüenza, las sensaciones de no merecer, de no valer….; si podemos eliminar esos estados emocionales destructivos, empezamos a liberarnos, porque son estos estados emocionales los que nos impulsan a comportarnos como animales con grandes almacenes de recuerdos. ¿Cuál es el mayor ideal de mí mismo? ¿Qué puedo cambiar de mí mismo para ser mejor persona? ¿A quién en la historia admiro y qué quiero emular?

Pero saber quién quieres ser no es suficiente para cambiar tu cableado.

No. El conocimiento es lo que precede a la experiencia. Aprender una información es personalizarla y aplicarla. Debemos modificar nuestro comportamiento para poder tener una nueva experiencia que a su vez crea nuevas emociones. El conocimiento es para la mente; la experiencia, para el cuerpo. Tenemos que enseñar al cuerpo lo que la mente ha entendido intelectualmente. Si seguimos repitiendo esa experiencia, se archiva en un sistema nuevo en el cerebro, y eso permite pasar del pensar al hacer, al ser.

El siguiente paso es cambiar hábitos de comportamiento, tiene que haber acción.

El hábito más grande que tenemos que romper es el de ser nosotros mismos, porque la neurociencia y la psicología dicen que la personalidad ya esta formada antes de los 35 años, eso significa que tenemos los circuitos hechos para poder enfrentarnos a cualquier situación y, por lo tanto, vamos a pensar, a sentir y actuar de la misma manera el resto de nuestros días. Pero los últimos estudios muestran que es posible cambiar la personalidad en todas las etapas de la vida, para eso hay que convertir el hábito inconsciente en algo consciente, llegar a tener conciencia de esos pensamientos y sentimientos inconscientes.

¿Eso son 20 años de psicoanálisis?

Aunque llegues a entender intelectualmente que tu padre era muy dominante, eso no cambia tu condición. El primer paso siempre es aprender. Mientras vamos aprendiendo nueva información y empezamos a pensarla, la contrastamos con nuestras creencias y la analizamos, estamos cambiando nuestro cableado, construyendo una nueva mente. Una vez esa nueva mente está establecida, tenemos que empezar a pensar cómo mostrarla, y ahí entra el cuerpo. Cualquier proceso de cambio requiere el desaprender y el reaprender.

FUENTE: http://vedim.wordpress.com/2012/07/11/entrevista-a-joe-dispenza/


Rompe con tu mayor hábito: el de ser tú
https://comomeditar8.wordpress.com/2014/01/29/rompe-tu-mayor-habito-el-de-ser-tu/
Publicado el 29 enero, 2014por comomeditar8


En este post añadimos un audio con una meditación guiada genial. Esta realizada por mi quiropráctico y amigo Marcelo Ruiz. Se basa en los estudios y trabajos del bioquímico, neurocientifico, y también Dr. quiropráctico Joe Dispenza que tratan ni más ni menos sobre el arte de Ser uno mismo, para lo cual paradójicamente debemos dejar de lado nuestro mayor habito, que es el de ser quienes somos.


Esto se explica desde el conocimiento vivencial de que podemos ser los artífices de nuestra propia vida, si nos damos cuenta de que nuestro pensamiento crea la realidad. Como dice el artista de la conciencia Victor Brossa somos los Maestros creadores de nuestra propia realidad. Dispenza habla y pone en práctica en sus talleres sobre cómo crear nuevas conexiones neuronales que marcan la evolución propia y de la especie. Si siempre hacemos lo mismo, siempre obtendremos los mismos resultados. En realidad siempre estamos creando nuestro futuro, lo que pasa es que solemos crear siempre lo mismo haciendo copias casi idénticas de nuestro pasado. Esto puede entenderse desde distintos enfoques, ya sean bioquímicos, neurológicos o cuánticos. Desde el punto de vista bioquímico podemos afirmar que estamos sometidos a carriles de pensamiento y comportamiento, que a su vez disparan unos químicos internos a los que estamos habituados, y que por su parte realimentan un sistema en el cual según pienso así siento y ese mismo sentir genera nuevos pensamientos adaptativos a ese sentir y así siguiendo en nuestra química cerebral y neurológica y en nuestro día a día. Son como programas instalados que no se pueden deconstruir hasta que no se enfrenten a otra forma de pensar, de sentir y de actuar, pues están instalados en el subconsciente.

Dispenza apunta a ser más grande que las circunstancias de nuestra vida, más grandes que el entorno, que el cuerpo y que el tiempo. Pensar en las múltiples posibilidades en vez de estar siempre preocupados con los problemas. Si queremos crear una nueva realidad personal debemos convertirnos literalmente en otra persona.

Sobre cómo hacerlo apunta a la meditación como forma de familiarizarse con los pensamientos inconscientes y así abrir el sistema operativo actuando sobre las reacciones inconscientes, cambiando esos carriles adictivos químicos por otras conexiones elegidas por nosotros mas adaptativas y creativas. Decidiendo quien y como quiero Ser, basándome en lo positivo para mí y en las múltiples posibilidades cuánticas, viviéndolo como si ya tuviera eso que quiero conseguir, para que el cerebro lo interprete así y lance nuevos caminos químicos que establezcan nuevas conexiones neuronales.

Según afirma solo es cuestión de probarlo, diseñando un plan que tiene que ver con decidir quién quiero ser, como me quiero sentir, enseñando al cuerpo como se siente eso de confiar y de vivir en la alegría, creándome a mí mismo. Solo requiere cierta disciplina, y lo más difícil de todo: tiempo para realizarlo día a día.

Espero que disfrutéis de esta meditación, la cual sirve a todos estos fines mencionados. Solo tenéis que pulsar la tecla play que esta sobre la imagen. Buenas conexiones nuevas!!

jueves, 30 de agosto de 2012

Historias de la Neurociencia: El sexo del cerebro


El sexo del cerebro
Los psicólogos refuerzan la teoría de las dos naturalezas humanas. Un estudio halla una distancia de personalidad entre los sexos mayor de la que se creía.

El País, Madrid



Malen Ruiz de Elvira
Fernando Botero, Hombre y mujer

Hasta ahora se creía que las diferencias de personalidad entre hombres y mujeres son relativamente pequeñas, pero un nuevo estudio que pretende establecer un método más exacto para medir los rasgos de la personalidad afirma que la variedad encontrada es muy grande para los baremos psicológicos. La sensibilidad, mayor en las mujeres que en los hombres, es el rasgo más diferenciador, pero no el único. Además, psicólogos españoles han confirmado que el mayor tamaño del cerebro en el hombre no se refleja en un aumento de la inteligencia general aunque sí en una mejor capacidad específica, la del procesamiento espacial. Ninguno de los estudios es definitivo; los participantes coinciden en que falta mucho por hacer en este campo.

En el primer caso, con el nuevo método que proponen, los psicólogos italianos y británicos autores del trabajo "La distancia entre Marte y Venus ", que publicaPlos One , de la Public Library of Science, han aplicado una escala de 15 rasgos de personalidad a una encuesta mucho más general realizada a 10.200 estadounidenses, la mayoría de raza blanca y con un nivel de estudios superior a la media en su país. Los datos obtenidos indican que, de media, las mujeres son más sensibles que los hombres y también son más cordiales y más aprensivas o ansiosas. Por el contrario, los hombres puntúan más en rasgos como la estabilidad emocional, la dominancia, la atención a las normas y la vigilancia.

Ellas son más cordiales, ansiosas y aprensivas, según un estudio.

A pesar de lo ambiguos y difíciles de estimar que son estos rasgos para el profano, los investigadores explican que la sensibilidad diferencia a las personas que son sensibles, sentimentales, estéticas y tiernas de las que son utilitarias, objetivas, poco sentimentales y duras de carácter, lo cual tiene influencia en el comportamiento general. Por eso seguramente, aun quitando del estudio la diferencia en sensibilidad, que es la más llamativa, se obtuvo una discrepancia significativa en otros rasgos de personalidad entre hombres y mujeres.

Marco del Giudice y sus colegas recuerdan, además, que la mayoría de los rasgos de personalidad tienen efectos importantes en el comportamiento sexual y como padres de los individuos, a través de factores como la promiscuidad sexual, la estabilidad en las relaciones sentimentales y el divorcio. La promiscuidad se puede predecir por una puntuación alta en rasgos como la extraversión, la apertura a experiencias nuevas, el neuroticismo, y otros como el narcisismo y la psicopatía. Puntuaciones bajas en afabilidad y responsabilidad auguran, junto con una alta extraversión, una mayor inestabilidad emocional y una mayor probabilidad de divorcio. En cuanto a otros tipos de comportamiento, como la tendencia a conseguir un estatus y a correr más o menos riesgos, también resultan relacionados con el género “como si existieran dos naturalezas humanas, tal como lo enunciaron Davies y Shackelford”, dicen los autores.

Ellos puntúan más en atención a las normas y estabilidad emocional.

La inteligencia acompaña a la personalidad como factor crucial en el comportamiento. El cerebro masculino es, de media, un 10% mayor en volumen que el femenino y tiene, por tanto, un mayor número de neuronas. La mayoría de los estudios indican que esta diferencia no se refleja en la inteligencia general, pero ahora psicólogos españoles, coordinados por Roberto Colom y el estadounidense Richard Haier, han confirmado esta hipótesis con un nuevo estudio sobre 100 adultos jóvenes, publicado en Intelligence.

Su conclusión es que las diferencias significativas en el volumen cerebral que han constatado en los voluntarios estudiados, en cuyos cerebros han medido la materia gris y la materia blanca con resonancia magnética, no se relacionan con el factor general de inteligencia, llamado g. Así pues, la hipótesis de que el mayor volumen cerebral en los hombres es la causa de una ventaja cognitiva no se confirma.

Sin embargo, este estudio sí ha confirmado diferencias significativas en habilidades espaciales, como la rotación mental de figuras en tres dimensiones (que los hombres hacen mejor que las mujeres, como media), y que se supone exigen el uso de una gran capacidad cerebral. Y las mujeres han dado, como ya habían también mostrado otros estudios, mejores resultados en las pruebas de fluidez verbal. Así que la conclusión final es que, dependiendo de cual sea la tarea compleja a realizar, los hombres tienen más neuronas a su disposición pero las mujeres las utilizan de forma más eficiente.


15 rasgos de la personalidad

El estudio sobre diferencias entre sexos se fija en 15 rasgos de la personalidad. Los paréntesis indican los extremos de la escala en cada uno.

■ Afabilidad (reservado-abierto).

■ Estabilidad emocional (reactivo-estable).

■ Dominancia (deferente- dominante).

■ Animación (serio-vivaz).

■ Atención a las normas (impulsivo-atento a las normas).

■ Apertura al cambio (tradicional-abierto al cambio).

■ Atrevimiento (timido-atrevido).

■ Sensibilidad (utilitario-sensible).

■ Vigilancia (confiado-vigilante).

■ Abstracción (con los pies en el suelo-abstraído).

■ Privacidad (franco-celoso de su intimidad).

■ Aprensión (seguro de sí mismo-aprensivo).

■ Autosuficiencia (gregario-autosuficiente).

■ Perfeccionismo (tolera el desorden-perfeccionista).

■ Tensión (relajado-tenso).

El sexo del cerebro

Por: Javier Sampedro

¿Le importa el sexo al cerebro? Los datos sobre las diferencias psicológicas entre hombres y mujeres son bastante consistentes, pero hay dos formas de leerlos. La primera tiene su epítome en la hipótesis del parecido entre sexos de la psicóloga Janet Hyde, de la Universidad de Wisconsin, que sostiene que los dos sexos revelan más parecidos que diferencias. El artículo de Hyde se publicó en 2005 y ha cosechado un impacto notable (500 citas en Google Scholar, un termómetro de la influencia académica).

La lectura contraria viene magníficamente representada por el trabajo recién publicado por psicólogos de la Universidad de Turín y la Escuela de Negocios de Manchester. Esta escuela no solo enfatiza las diferencias entre sexos, sino que argumenta que son el resultado esperable de las distintas presiones darwinianas a las que hombres y mujeres han estado sometidos desde el origen de la especie, y más atrás.

Los hombres, por ejemplo, puntúan en promedio mejor que las mujeres en pruebas de percepción espacial, como la rotación mental de objetos. Las mujeres lo hacen mejor en tareas lingüísticas y de fluidez de ideas. La psicología evolutiva lo atribuye a que los hombres han sido seleccionados durante cientos de miles de años para tareas relacionadas con la caza, la exploración y la defensa de la tribu. La promiscuidad masculina, asímismo, se explicaría porque los hombres actuales descendemos de los mejores, cómo decir, diseminadores de esperma de la era de las cavernas.

Las mujeres que lograron pasar sus genes a la siguiente generación, en cambio, no fueron las más activas sexualmente, sino las que sacaron a sus hijos adelante. De ahí que las chicas actuales estén optimizadas para unos talentos muy distintos de los masculinos: los necesarios para construir un modelo del mundo, codificarlo en un lenguaje y transmitírselo a su descendencia.

Los científicos de Turín y Manchester recuerdan que muchos rasgos de personalidad afectan a las probabilidades de apareamiento de un individuo, y también al comportamiento parental. Entre ellos están la promiscuidad, la tendencia a sostener relaciones estables, la extraversión, el interés por las nuevas experiencias, el carácter neurótico y lo que los psicólogos llaman con cierto efectismo "la triada oscura": el narcisismo, la psicopatía y el maquiavelismo.

Oscuras o no, si hay diferencias entre sexos, negarse a verlas no es igualitarismo, sino mera ceguera. Ignorar las leyes físicas solo sirve para romperse las piernas.

Sobre el autor

Javier Sampedro. (Madrid, 1960) es doctor en biología molecular. Hasta 1993 se dedicó profesionalmente a la investigación genética, primero en el Centro de Biología Molecular Severo Ochoa de Madrid, y después en el Laboratory of Molecular Biology del Medical Research Council en Cambridge. En 1994 se recicló como periodista y ha sido durante 15 años redactor de El País. Buen dibujante y mal guitarrista de jazz, su lema es: "Si no les gustan tengo otros".
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=74145 

Historias de la Neurociencia: El sexo del cerebro
Escrito por José R. Alonso

En el verano de 1991 Simon LeVay trabajaba en el Instituto Salk de Estudios Biológicos, un edificio de hormigón abierto al océano Pacífico, considerado una de las joyas de la arquitectura norteamericana y una de las locomotoras más potentes de la investigación biomédica en el mundo. El Salk, fundado por el principal promotor de la vacuna contra la polio, tenía entre sus paredes a algunos de los investigadores más trabajadores, inteligentes y creativos del mundo, Cinco investigadores formados en el Salk han ganado el premio Nobel. Cuatro de los investigadores que están actualmente en el Salk y otros tres miembros no residentes también han ganado el Nobel.

Pero ese verano, la investigación de LeVay resonó mucho más allá de los muros abiertos del Salk y 
más allá también de los espacios académicos. LeVay que hasta 
entonces había trabajado fundamentalmente en la corteza visual de gatos donde era un investigador reputado, publicó un estudio sobre un núcleo cerebral titulado “A difference in hypothalamic structure between heterosexual and homosexual men“. Lo hizo en Science, quizá la revista científica más prestigiosa del mundo y analizaba los cerebros de 19 hombres gays (que habían muerto de SIDA), 16 hombres heterosexuales (de los cuáles 6 habían muerto de de SIDA) y seis mujeres de orientación sexual desconocida.

Este artículo señalaba que una pequeña área cerebral, el tercer núcleo intersticial del hipotálamo anterior (INAH3), tenía diferente tamaño en ambos sexos y dentro de los hombres, según la preferencia sexual. El INAH3 era 2,5 veces más grande en los hombres heterosexuales que en los homosexuales, y en estos últimos era similar al tamaño que se observaba en mujeres. Fue un bombazo: una zona del cerebro dimórfica sexualmente (entre hombres y mujeres) y dimórfica según la orientación sexual (entre hombres heterosexuales y homosexuales).

La elección del INAH3 no era casual. El INAH3 es considerado responsable del comportamiento sexual masculino típico. Contiene más células sensibles a los andrógenos (hormonas masculinas) que cualquier otra parte del cerebro. LeVay escribió que “Este resultado indica que el INAH es dimórfico en relación con la orientación sexual, al menos en el hombre y sugiere que la orientación sexual tiene un sustrato biológico”. La muestra tenía también excepciones (hombres supuestamente heterosexuales con núcleos INAH3 pequeños y hombres homosexuales con núcleos grandes), pero eso es normal en casi cualquier estudio sobre el cerebro humano. No es lo mismo trabajar con un grupo de roedores de la misma edad, el mismo peso y que han vivido siempre en las mismas condiciones de un animalario que una población de sujetos humanos donde la variabilidad es mucho más alta.

Se han encontrado otras zonas cerebrales que son dimórficas, que son distintas en hombres y en mujeres. El cuerpo calloso y la comisura anterior, las cintas de axones a través del cual se comunican los dos hemisferios cerebrales son comparativamente más grandes en mujeres que en hombres. Podría explicar porque las mujeres son más conscientes de sus emociones y las ajenas que los hombres, y quizá ser el sustrato de eso que llamamos intuición femenina. LeVay también comprobó que el cuerpo calloso era más grande en los hombres homosexuales que en los heterosexuales, en paralelo con su mayor tamaño relativo en el cerebro femenino.

Hay diferencias sexuales también con la edad. Los hombres pierden tejido cerebral durante el envejecimiento antes que las mujeres y pierden más neuronas en términos absolutos. En los hombres, la pérdida está localizada en los lóbulos frontales y temporales, áreas que tienen que ver con el pensamiento y los sentimientos. La pérdida de neuronas en estas regiones podría relacionarse con irritabilidad y cambios de personalidad, parece que tendemos, los hombres, a convertirnos en viejos gruñones. En las mujeres, la pérdida es más acusada en el hipocampo y las áreas parietales. Estas regiones intervienen en la memoria y las habilidades visuoespaciales por lo que es posible que las mujeres tengan más dificultades para recordar cosas y para orientarse a medida que envejecen. Haciendo una pequeña broma, es posible que a partir de los 80 o 90 años sí conduzcan ellas peor que nosotros.

Existían también diferencias sexuales en la actividad cerebral. Las mujeres, en actividades mentales complejas, tienden a hacer uso de los dos hemisferios cerebrales mientras que los hombres usan solo el más adecuado para esta tarea determinada. Se piensa que las mujeres tendrían una mayor amplitud de visión, considerarían más aspectos de un problema al tomar una decisión mientras que los hombres matizarían menos y tomarían con más facilidad decisiones complejas (aunque quizá equivocadas). Se ha visto que hombres y mujeres se comportaban de forma diferente (comprobado estadísticamente) en actividades cognitivas como las estrategias de navegación, las habilidades visuoespaciales, la fluidez verbal, el razonamiento matemático y algunos aspectos de la personalidad como la agresividad, la competitividad, la autoestima, la tendencia a asumir riesgos, el neuroticismo, la sensibilidad emocional, la capacidad para llegar a acuerdos, el sentido moral, el interés en el sexo esporádico o en la pornografía y los celos. Es divertido en esta lista no indicar en cuáles destacan los hombres y en cuáles las mujeres aunque me temo que algunas son fáciles de adivinar.

El trabajo de LeVay fue muy criticado. Muchas de las críticas eran sobre los cerebros estudiados. Los de hombres homosexuales procedían de personas que habían muerto de SIDA, eran hombres jóvenes que habían sufrido una infección viral devastadora que afecta también al cerebro y, en concreto, al hipotálamo. Es posible que el INAH3 esté afectado no por la tendencia sexual sino por la infección viral. Los cerebros para los controles, los de hombres heterosexuales no se podía estar seguro de que esa fuera su verdadera orientación sexual y no tuvieran una homosexualidad oculta. Solo una parte de ellos habían sufrido SIDA antes de fallecer. El número de casos estudiados era bajo para su variabilidad pero es que no es nada fácil conseguir cerebros humanos para estudios neurobiológicos. Tomado todo en cuenta, LeVay hizo un trabajo serio y respetable. No ha habido muchos más estudios sobre la codificación de la preferencia sexual en el cerebro, pero quizá no está de más recordar que en estos años se dieron dos mandatos del presidente Bush hijo y el tema no era muy popular para desarrollar una carrera científica.

La teoría de LeVay es que la orientación sexual es un aspecto de los factores de género que emerge de la diferenciación sexual prenatal del cerebro. Un ambiente complejo, el del útero, donde actuarían genes, hormonas sexuales y factores ambientales como el estrés marcarían un camino, una pauta, que determinaría la futura orientación sexual de ese niño o esa niña.El esquema muestra un dibujo de una rata preñada donde se ha comprobado distinto comportamiento (agresividad, conducta sexual,..) en función de si un fecto está rodeado por ningún (0 M), uno (1 M) o dos (2M) fetos masculinos. El ambiente intrauterino afectaría a la posterior “personalidad” e ese animal. La idea de LeVay es que ser gay o hetero no estaría marcado en el momento de la concepción (no sería un factor genético) pero sí que estaría decidido en el momento del nacimiento. Pero la influencia no termina ahí. El cerebro sigue siendo flexible después del nacimiento. Los genes, las hormonas, los aspectos ambientales incluyendo el aprendizaje, las experiencias modulan nuestro cerebro. El planteamiento anterior que era considerar que los factores genéticos marcaban al organismo hasta la concepción o el nacimiento y que a partir de ahí actuaba el ambiente no puede ser más falso. Genes y ambiente interactúan en los procesos prenatales y postnatales, desde el primer día hasta el último.

Heino Meyer-Bahlburg, un psicólogo de la Universidad de Columbia estudia la influencia de la exposición a hormonas sexuales en el desarrollo prenatal sobre el comportamiento del adulto. Estudia pacientes con trastornos endocrinos como la hiperplasia adrenal congénita, donde el feto en el útero está sometido a concentraciones excesivas de testosterona, la hormona masculina. “Las mujeres genéticas, con dos cromosomas X, expuestas a testosterona prenatalmente son muy “chicazos” de niñas. Como adultos, muestran mayores porcentajes de bisexualidad y algunas llegan a cambiar su género a hombre.”

LeVay, que siempre aclara que él mismo es gay, decidió cambiar de vida y centrarse en conseguir una mayor aceptación de la gente explicando la influencia de la biología en la orientación sexual. Fue fundador y primer director del Instituto de Educación sobre Homosexuales y Lesbianas. En su último libro de 2010, declara algo importante con lo que estoy de acuerdo “También creo que hay un montón de razones por las que las personas gays deberían ser aceptadas y valoradas por la sociedad incluso si ser gay se probara que no es más que una decisión personal.”

En los últimos tiempos hemos visto como el debate sobre la homosexualidad continúa en nuestras sociedades. Nuevos países aceptan el matrimonio entre personas del mismo sexo pero también vemos suicidios de adolescentes en Estados Unidos tras campañas de acoso y odio por ser gays o protestas homófobas violentas en países supuestamente europeos como Serbia. A pesar de estas noticias preocupantes creo que avanzamos hacia un futuro de mayor respeto, igualdad y en una palabra que debería ser nuestro mayor orgullo, humanidad.

Leer más:
LeVay S. (1993). The Sexual Brain. Cambridge: MIT Press.
LeVay S. (1996). Queer Science: The Use and Abuse of Research into Homosexuality. Cambridge: MIT Press.
LeVay, S. (2010) Gay, straight and the reason why: the science of sexual orientation. Oxford: Oxford University Press.
http://asus.usal.es/index.php?option=com_content&view=article&id=6834%3Aalias&catid=341%3Ajoseralonso&Itemid=247&lang=es
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