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lunes, 18 de junio de 2012

Investigación: Aborto y Eugenesia



Investigación: Aborto y Eugenesia


La misma ley establece dos causas de excepción a estas Penas: Cuando el aborto se practica para “evitar un peligro para la salud” de la mujer o si el embarazo proviene de una violación de “una mujer idiota o demente” (art. 86, incisos 1 y 2 del código penal). La Presidente Cristina Fernández se ha pronunciado en contra de legalizar el aborto, aunque la diputada oficialista Juliana Di Tullio y organizaciones sociales presentaron en el año 2010 un Proyecto de Ley para su autorización.
Este informe explica claramente cuáles son los verdaderos intereses de legalizarlo. El análisis fue hecho en base a temas globales y recurriendo a la historia, que nos muestra como esta tendencia se fue desarrollando y creciendo.
ABORTO Y EUGENESIA
Cada vez estamos más cerca de conseguir un mundo feliz. Los avances de la ciencia parecen no entender de ética. Si la ciencia puede hacerlo, se hará. Pero ahí deberían estar los estados para impedirlo. El problema es que no es así, poco a poco la sociedad va evolucionando, va cambiando, como predijo, de modo cada vez más profético, Aldous Huxley en su famosa novela. Y poco a poco parece ser que nos vamos dejando la ética por el camino. La defensa del más débil, del más necesitado, la defensa de los valores morales, de la vida, de la diversidad, de las peculiaridades de cada ser humano.
Observo cada vez con más perplejidad la sorprendente cruzada en la que está embarcada una parte de nuestra sociedad en la defensa de esaeugenesia. Un futuro idílico sin enfermedad, sin taras, sin minusvalías. Pero el camino para alcanzar esa sociedad supuestamente feliz es eliminar sin más a los seres humanos que no alcanzan un nivel de calidad genética determinado. Y ya lo estamos haciendo. Llevamos años haciéndolo. El camino abierto por Josef Mengele ha tenido continuidad en la sociedad occidental actual en la que vivimos.
El secreto está en negar la humanidad a aquellos seres humanos que nos estorban en nuestro camino hacia la sociedad perfecta. La Alemania nazi lo llamaba pureza de la raza, más tarde se llamó limpieza racial. Si consideramos que el ser humano que tenemos delante nuestro no es tal, no es más que un defecto de la naturaleza que no alcanza la condición humana, ni tan siquiera la dignidad que pueda tener un animal.
Si despojamos a ese individuo de toda carga emocional, si lo vemos como un error, como una cosa, sin alma, sin conciencia, sin humanidad, podemos hacer las mayores barbaridades que se nos ocurran sin el más mínimo remordimiento ni problemática moral. Y a eso hemos llegado.
De las medidas eugenésicas negativas que se fomentaron desde los años treinta en muchos países, la esterilización más o menos voluntaria de discapacitados ha sido muy atacada, aunque parece estar mejor vista en los últimos años. La otra, el aborto, enmascarado tras los eufemismos de “pro choice” o “derecho a elegir”, ha tenido una exitosa carrera y muchos quieren que termine con el reconocimiento de la práctica como derecho.
Puede objetarse que el llamado aborto eugenésico es sólo una de las indicaciones y desde luego no es la más extensa. Podría responderse que este aborto se ha traducido en una práctica generalizada que de forma transversal afecta a toda la medicina neonatal.
El aborto debe buena parte de su prestigio a su supuesta motivación humanitaria. Sería la lucha contra el llamado aborto clandestino y sus secuelas en forma de mortalidad femenina lo que justificaría en última instancia la despenalización, e incluso, como  ahora vemos que muchos quieren en nuestro pais, la pura y simple legalización.
Ann Farmer en su libro “By their Fruits” (1), editado en 2008, señala con agudeza cómo desde sus inicios en los años veinte, y a pesar de pretender que el leitmotiv de la campaña era el aborto clandestino, los abogados y abogadas del aborto mostraron siempre mayor simpatía por los practicantes del aborto clandestino que por sus víctimas, es decir, y en su terminología, por las mujeres a las que terribles circunstancias las obligaban a abortar en condiciones muy peligrosas.
Ciertamente, la investigación histórica de Ann Farmer corrobora que el proceso se inició desde el comienzo de la acción de la Abortion Law Reform Association (ALRA). Sobre la base del denominado Brock Report, la Eugenics Society incluyó el aborto, junto con la esterilización, dentro de las medidas negativas para mejorar la raza, toda vez que no se lograba el objetivo buscado de que las personas “más adecuadas” fueran las que más se reprodujesen.
Evidentemente existía una concordancia con la posición neomaltusiana, profundamente reaccionaria y clasista, que veía con seria preocupación que los pobres no pudiesen moderar su afán reproductivo y que constituyesen una carga creciente sobre los núcleos más “favorecidos” de la sociedad.
Con el tiempo este proceso nacional en EE.UU se extendería a la esfera internacional, inaugurando la acción de agencias de Naciones Unidas contra la reproducción en los denominados países pobres.
Si maltusianos y partidarios de la eugenesia derivaron hacia el aborto como medio de control de la natalidad, la Abortion Law Reform Association (ALRA) no dudó en buscar el asesoramiento de la Eugenics Society desde el inicio de su labor de agitación.
No obstante, por consejo de los propios eugenésicos, siempre tuvieron claro, en palabras de Dora Rusell, que el aborto debía reivindicarse como un “derecho de todas las mujeres” por razones prácticas. Presentarlo como especialmente indicado para mujeres pobres habría sido contraproducente.
Esto era especialmente notorio en el seno del partido laborista, donde la proporción de católicos ha sido tradicionalmente alta y donde los argumentos eugenésicos podían parecer clasistas. El efecto fue el enmascaramiento en los escritos dirigidos al público, mientras que en las cartas “esotéricas” que recoge Farmer y en los documentos internos de las asociaciones las pretensiones de fondo parecen claras.
El análisis de Farmer se extiende hasta la legalización del aborto en Gran Bretaña en 1967 por razones centradas en la preocupación acerca de la pobreza. De nuevo las razones neomaltusianas fueron encubiertas bajo el discurso de la inquietud por las condiciones de los abortos clandestinos.
También Farmer dedica unas reveladoras páginas a los esfuerzos posteriores por mantener no sólo la ley sino la actitud general hacia la vida prenatal que se implantaba bajo la excusa del aborto clandestino. Según la visión de Farmer, estas motivaciones de fondo y el encubrimiento bajo la capa humanitaria se extendieron desde el experimento inglés, primero a Estados Unidos, y luego al resto del mundo.
La “ética de la muerte” usa dos juegos de argumentos: por un lado, hay humanos que no son personas (como los fetos, o ciertos enfermos, según a quién preguntes). Tienen humanidad biológica, innegable, pero les falta la “personidad”, por lo tanto no tienen derechos.
[No está claro quién regala los carnet de personidad, quién define qué es eso: parece que lo decide el poder Estatal, o votaciones en parlamentos, o en comités, o "bioéticos" de bata blanca que no se sabe bien quién les autorizó a repartir "personidades"].
Por otro lado, la “vida” no importa tanto como la “calidad de vida”. Vale la pena matar -ahorrando costes y sufrimientos- a quien no tiene -ni tendrá, suponemos- “calidad de vida”.
Es deber de la gente que aún piensa que matar bebés es inmoral, que es intrínsecamente e inherentemente malo, encontrar herramientas intelectuales -¡y emocionales!- para desmontar el retorno del infanticidio.
Cuando se habla de esugenesia se habla de mucho más atrás de los planes de Hitler. Viene de la doctrina eugenésica internacional  de organizaciones a favor de la esterilización masiva, aplicada a gente señalada como enfermos hereditarios y establecida en países como Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Suecia, Noruega, Francia, Finlandia, Dinamarca, Estonia, Islandia o Suiza.
De hecho democracias impecables hicieron barbaridades eugenésicas en nombre de a ciencia durante la primera mitad del siglo XX.
Llegado a este punto cabe preguntarse : ¿cuáles son las conexiones de este plan exterminador con los avances genéticos actuales? Me refiero concretamente a diagnostico prenatal, una técnica cada vez más utilizada para evitar que nazcan niños con carencias genéticas. Cuando aparece la más mínima señal adversa, el embarazo suele terminar en un aborto.
No son pocos los que se preguntan si con estas técnicas, no se está recurriendo a una “caza” y destrucción de los discapacitados, porque el examen prenatal habitual afecta a valores relacionados hacia la vida humana, el respeto hacia la vida de esas personas discapacitadas.
El diagnostico prenatal generalizado eliminaria a grupos enteros de personas, como las afectadas por algún sindrome, las que presentan cuadros de enfermedad mental por vinculo genético, como el trastorno bipolar o los sordos.
Así mismo la noticia de que en enero nació una niña en Londres sin el gen del cáncer de mama gracias a que el embrión fue seleccionado genéticamente para reducir el riesgo de padecer un futuro tumor, planea cuestiones éticas, pero también de desigualdad social.
Hay que tener en cuenta que sólo podrán optar a este tipo de selección de “bebes a la carta” aquellos que dispongan de medios económicos suficientes para pagárselos. O sea mientras se desmantelan cada vez más los servicios de sanidad , así mismo se apunta a una selección genética para los que puedan costearsela.
De esta manera se crearán dos bloques de ciudadanos: los hijos seleccionados y privilegiados genéticamente y los hijos de una masa de población que no tendrá medios para acceder a esa selección.-
Los nazis, a diferencia de los tiempos actuales, no utilizaban la genética, sino que recurrían a la eutanasia pura y dura y a la esterilización. Los médicos estaban de acuerdo y en conjunto, se ejercía una presión sobre la sociedad que acababa por sutir el  efecto deseado.
El argumento principal es que esas personas eran una carga para la familia, para la sociedad y para ellos mismos, con una vida no digna de ser vivida. Ellos lo llamaban, el beneficio de la comunidad, en general.
Ahora en cambio, lo que ha cambiado fundamentlamente son las técnicas empleadas, que lejos de tener una apariencia cruenta se basan en el diagnóstico prenatal, en los bebes a la carta y en la idea de la eutanasia como modo de alcanzar una muerte digna.
Sólo cambia el aspecto técnico y el hecho de que no se impone contra la voluntad del afectado, sino que solo lo hacen quienes quieren hacerlo. Tampoco se practica, en teoría, sin el concentimiento del paciente.
Así pues, ya no se recurre a la esterilización, sino el diagnóstico precoz donde el médico está obligado a participar. Y se practica el aborto eugenésico ante el mínimo defecto a considerar por parte de quien se somete a las pruebas.
Como ocurría entonces tambien se ejerce una gran presión social para que estas prácticas se consideren, no sólo normales, sino recomendables.
La lucha a favor del aborto comenzó con los casos de violación y peligro para la vida de la madre. Continuó con el caso de malformaciones en el feto y, posteriormente, con el riesgo para la integridad psíquica de la madre. El siguiente paso fue ampliar esas consideraciones, admitiendo el aborto para casos como el síndrome de Down.
Hoy en día ya se admite el dejar morir a los niños que sobreviven al aborto. También se practica ya casi cotidianamente la selección genética, crear varios embriones y seleccionar el más apto en función de unos criterios médicos.
El resto van a la basura. Ya se empieza a hablar de abortar en caso de detectar autismo. La carrera desenfrenada parece no tener fin, en estos días en los que hablar de ética o moral nos encadena a etiquetas como fundamentalista religioso, caverna o retrógrado. Pronto no nos quedará más remedio que huir de la sociedad  para que no nos “eliminen” por cumplir 21 años. Y ésta es nuestra sociedad, la sociedad que, entre todos, estamos construyendo.
Links consultados en este informe:

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